jueves, 17 de enero de 2008




Es distinto despertar en mi nuevo hogar, donde me paseo en pijamas para tomar jugo al lado del refrigerador, sentarme a escribir en la mesa de la cocina, y luego encerrarme a perfeccionar la canción de The Smiths que estoy sacando... (nada más y nada menos que la guitarra de "This Charming Man").

Lo mejor es la parte del estacionamiento, donde realmente se pueden ver las estrellas.
La bicicleta tiene las ruedas desinfladas, y no hay ninguna estación de servicio que tenga aire, por estos lados.
Y mi nuevo juguete... mi celular, le da un aire diferente a todo esto que estoy viviendo. Es rico que las épocas se marquen de forma tan evidente, así puedes recordar por capítulos, y si uno no te gusta, das vuelta la página y encuentras justo un pasaje que te hace reir.

lunes, 9 de julio de 2007

:: n'aitún ::




Como se van juntando las historias de las vidas, entre un grupo de personas, un número que se parece al tres o al cuatro. Las vidas que se juntan y se mezclan y cuando viene la separación, queda sangre.

Es lo que pienso cuando pienso en que he sido testigo de ciertos eventos que nadie más pudo ver y no solo con los ojos. Y a quién le importa. Escucho a Incubus. Y no sé por qué lo comparo con una mañana en la playa donde las olas al salpicar te mojan la cara. Pero en fin, vuelvo a eso de las historias.

Pienso que dentro de todo me gusta mi anonimato. El hecho de perseguir metas y metas, te puede dar satisfacciones si no sabes vivir en el presente. Pero si sabes, entonces, quién mierda puede entender todo lo que ocurre en tan solo un par de horas en la vida anónima de tu nombre?

Me gusta eso… de que escribas un blog y te ignoren igual. Las personas que quieres están ahí, sin revisar el correo, sin responder a tu ilusión infantil de compartir una emoción al ver un video en youtube. Pero te quieren igual. Y cuando me junto con Carlos a tomar cafés, a interrogarlo con mi curiosidad insaciable, salen palabras que me hacen amar ese minuto, y sus ojos sinceros. Es el mismo lugar, café N’aitún. Alberto, ¿estuviste ahí? Cuando fui por primera vez al lanzamiento de un libro que nadie recuerda el nombre salvo el autor. Era el taller de poesía, había unos estudiantes embriagados, conversando sobre la muerte de Teillier… Esteban mirando mi silencio, tratando de deducirlo, y nadie sabía que en realidad lo que pensaba era en mi cigarro consumiéndose y todo lo que me gustó ver las velas sobre las mesas iluminando todo a medias.

En fin, cuantas almas gemelas podemos tener en tan solo 27 años. Cuantas almas gemelas que se han desvanecido en los días y han desaparecidos de todos los lugares. Igual me pone triste eso. Igual queda ese sabor.

La historia será consumada cuando yo pueda al fin sumergirme entre esas aguas que ansío, hablando ese idioma que sé hablar pero sin voz. Aún.

Llegarán pronto los tiempos de cambio, y a pesar de todo lo que he vivido, el N’aitún ya no estará a mi alcance, y estaré feliz en otras latitudes, en otro paisaje, en otro aire, en otras voces, en otro tiempo, sin que nada me atormente, nada.

lunes, 8 de enero de 2007

:: búsqueda ::



Puedo ver claramente una escena donde hay cables, cubriendo todo el piso de madera, voces con diálogos nunca antes pensados, "Esa nota hay que bajarla", las luces en los enchufes. El transformador de la pedalera tiene una luz verde, resalta la pedalera azul con sus luces rojas, el amplicador negro, con pedazos de metal y una luz roja también... el atril, la madera, las migas de pan por comer frente al computador, la uñeta encima como siempre, como testigo de como se junta el polvo en el escritorio... está usada, muy usada... sobre todo este último tiempo.
Busco esas voces, es difícil, pareciera que todo el mundo está loco, se inventa mundos como decía Bjôrk sobre la evasión, y en realidad es increíble como me cuesta encontrar algo real entre medio de tanta ambición manchada y triste...
Tal vez deba seguir solo con mi voz...